Memoria de padrinos 2020. Honduras.

Los nuevos factores de estrés y las dificultades a las que se enfrentaron las familias que perdieron sus trabajos, y con ellos sus únicas fuentes de ingresos, incrementaron los índices de riesgo que pueden conducir a la separación de padres e hijos. Asimismo, las medidas de aislamiento también elevaron el riesgo de sufrir abuso infantil y violencia en el hogar. Además, el cierre de los centros escolares y el paso a la educación online no solo aumentó la brecha educativa y los índices de abandono escolar, sino que dejó a alrededor de 80 millones de niños y niñas en América Latina sin sus comidas escolares, que en ocasiones son las únicas que tienen aseguradas. En este contexto, nuestro trabajo se intensificó y se adaptó a las circunstancias para dar respuesta a las nuevas necesidades surgidas de la crisis sanitaria y socioeconómica. A pesar de que nos vimos obligados a cerrar físicamente algunos de nuestros centros durante los periodos de confinamiento, los programas nunca dejaron de estar operativos. Manteniéndonos al lado de los niños, niñas, jóvenes y familias, y acompañándolos en este periodo difícil.

En 2020 Honduras sufrió, además, la catástrofe provocada por los huracanes Eta e Iota, que en el mes de noviembre sembraron la destrucción a su paso. Todo ello agravó la situación de la infancia en un país con altos índices delictivos, falta de oportunidades educativas y de empleo. Por ello, desde Aldeas continuamos trabajando sin descanso, para proteger a los niños, niñas y jóvenes vulnerables, mejorar sus condiciones de vida y construir para ellos un futuro más justo

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